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Términos complejos explicados de forma Simple, a lo Lowi.
El 3G es la tercera generación de redes móviles, la primera que permitió navegar por Internet de forma cómoda desde el móvil, además de hacer llamadas y enviar mensajes. Supuso el salto de los teléfonos básicos a los primeros móviles, con velocidades muy superiores a las del 2G.
Gracias al 3G se hizo posible ver vídeos, usar aplicaciones de mapas, revisar el correo electrónico o hacer videollamadas desde el móvil, algo impensable con la generación anterior.
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El 3G llegó a España a mediados de la década de los 2000 y, aunque hoy nos parezca una tecnología lenta, en su momento supuso una auténtica revolución. Fue la puerta de entrada al Internet móvil tal y como lo entendemos hoy.
La llegada del 3G supuso varias mejoras clave frente al 2G: velocidad de navegación mucho mayor, posibilidad de transmitir datos y voz al mismo tiempo, cobertura amplia y estable en la mayoría de zonas urbanas y rurales, y compatibilidad con los primeros servicios de Internet móvil como el correo, los mapas o las redes sociales.
Aunque hoy ha quedado por detrás del 4G y del 5G, el 3G sigue siendo útil como red de respaldo en zonas donde la cobertura de las generaciones más nuevas todavía es limitada, sobre todo en algunas áreas rurales o de montaña donde desplegar antenas 4G o 5G resulta más complicado.
Cada generación de red móvil ha supuesto un salto en velocidad y en el tipo de usos que permite. El 3G llevó Internet al móvil de forma básica, el 4G disparó la velocidad y permitió streaming en alta calidad, videollamadas fluidas y juegos online sin apenas retardo, y el 5G va un paso más allá, con velocidades mucho mayores y una latencia mínima, pensada también para conectar dispositivos como coches autónomos o sensores industriales.
En resumen, cuanto más avanzada es la generación, mayor es la velocidad y menor el tiempo de respuesta de la red, lo que abre la puerta a usos cada vez más exigentes.
En España, las principales operadoras han ido apagando progresivamente sus redes 3G en los últimos años para dedicar ese espectro a mejorar el 4G y el 5G. Esto significa que, en muchas zonas, el 3G ya no está disponible o va a dejar de estarlo próximamente, y los dispositivos antiguos que solo soportan 3G pierden la posibilidad de conectarse a Internet móvil.
Si tienes un terminal compatible con 4G o 5G, no notarás ningún cambio: tu móvil se conectará automáticamente a la red disponible más avanzada en cada zona. El único caso en el que el apagado del 3G supone un problema real es el de dispositivos muy antiguos, sin compatibilidad con 4G, que se quedarán sin conexión de datos móviles cuando esa red desaparezca por completo en su zona.
UMTS (Universal Mobile Telecommunications System) es el nombre técnico del estándar que dio origen al 3G en Europa. Cuando ves el icono «3G» o «UMTS» en tu móvil, en realidad se refiere a lo mismo: estás conectado a esta tecnología.
HSPA (High Speed Packet Access) es una evolución del UMTS que mejora la velocidad de navegación, y por eso se conoce popularmente como «3.5G» o «3G+». Cuando el móvil muestra el icono «H» o «H+», indica que la conexión 3G está utilizando esta versión mejorada, más rápida que el 3G estándar.
Existe también una variante llamada HSPA+, que exprime todavía más el estándar 3G y se acerca, en condiciones óptimas, a velocidades propias de las primeras redes 4G. Por eso, en la práctica, no todas las conexiones 3G se comportan igual; depende de si tu operador y tu zona utilizan UMTS básico, HSPA o HSPA+.
El salto del 2G al 3G fue uno de los más importantes en la historia de la telefonía móvil. El 2G se diseñó principalmente para llamadas de voz y mensajes de texto, con una capacidad de datos muy limitada. El 3G, en cambio, se pensó desde el principio para transmitir datos a mayor velocidad, lo que permitió el nacimiento de Internet móvil tal y como lo conocemos hoy.
Con el 2G era habitual esperar varios segundos para cargar una simple página web. Con el 3G esa espera se redujo drásticamente y se hizo posible, por primera vez, navegar de forma razonablemente fluida desde el móvil.
Estos datos son orientativos y dependen de la cobertura y el dispositivo, pero dejan clara la evolución. Cada generación reduce el tiempo de respuesta de la red y multiplica la velocidad disponible respecto a la anterior.
La latencia, es decir, el tiempo que tarda un dato en ir y volver entre tu móvil y el servidor, es tan importante como la velocidad, sobre todo para usos como las videollamadas o los juegos online.
Una latencia alta se nota en forma de retrasos, cortes o desincronización, aunque la velocidad de descarga sea aceptable.
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