Glosario
Términos complejos explicados de forma Simple, a lo Lowi.
CSS (Cascading Style Sheets, en español «hojas de estilo en cascada») es el lenguaje que se utiliza para dar estilo visual a una página web: colores, tipografías, tamaños, espaciados, márgenes y la disposición de cada elemento en pantalla.
Sirve para separar el contenido de una web (que se escribe en HTML) de su apariencia, de forma que puedas cambiar el diseño sin tocar la estructura.
Dicho de forma sencilla, si HTML es el esqueleto de una web, CSS es la ropa que lleva puesta. Sin el CSS, cualquier página se vería como un documento de texto plano, sin colores ni orden visual.
El CSS se usa en prácticamente cualquier web, desde un blog personal hasta una tienda online. Es uno de los tres pilares del desarrollo web front-end, junto con HTML y JavaScript, y resulta imprescindible si vas a montar un proyecto sobre tu propio dominio.
El CSS funciona mediante reglas. Cada regla tiene dos partes:
La estructura básica es siempre la misma: selector { propiedad: valor; }
Por ejemplo, si quieres que todos los títulos h1 de tu web sean azules, la regla sería “h1 { color: blue; }”. Los selectores más habituales son tres:
Se llama «en cascada» porque, si varias reglas afectan al mismo elemento, CSS sigue un orden de prioridad para decidir cuál se aplica finalmente.
HTML y CSS trabajan siempre juntos, pero no hacen lo mismo. HTML se encarga de la estructura y el contenido: los títulos, los párrafos, las imágenes o los enlaces. CSS se encarga de la presentación: cómo se ven esos elementos en pantalla.
Por eso, si te preguntas ¿qué es el HTML y CSS? El HTML construye la página y CSS la viste. Puedes tener una web funcional solo con HTML, pero sin CSS tendrá un aspecto muy básico y poco cuidado.
Y si además te preguntas ¿qué es el CSS en HTML?, en realidad se refiere a cómo se conecta ese lenguaje de estilos con el documento HTML, algo que explicamos en el siguiente apartado.
Hay tres formas de incorporar CSS a una página web, y cada una tiene su uso recomendado:
Cuando trabajas con CSS externo, ese archivo se aloja junto al resto de tu web en el hosting, el espacio donde se guardan todos los archivos del sitio, y se sirve al usuario a través de tu dominio cada vez que alguien visita la página.
CSS3 es la última gran versión del lenguaje CSS. A diferencia de las anteriores, no llegó como una actualización única, sino dividida en módulos independientes (colores, animaciones, diseño flexible, etc.), lo que ha permitido que vaya incorporando novedades de forma progresiva.
Entre las funciones más importantes que aporta CSS3 están las animaciones y transiciones sin necesidad de JavaScript, los sistemas de maquetación Flexbox y Grid (que facilitan mucho crear diseños complejos y responsive), las media queries para adaptar la web a distintos tamaños de pantalla, y bordes redondeados, sombras o degradados sin necesidad de imágenes.
Gracias a estas mejoras, hoy es habitual apoyarse en un framework de CSS, como Bootstrap o Tailwind, que ya trae componentes y estilos predefinidos basados en CSS3 y agiliza mucho el trabajo de diseño.
Estas son algunas de las propiedades CSS más utilizadas y para qué sirve cada una:
Con estas cuatro propiedades ya se puede controlar buena parte del aspecto de una web: color, espaciados y tamaño de texto son la base sobre la que se construye cualquier diseño más avanzado.
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